Talmud

Antes que todo, deseamos aclarar que el siguiente artículo trata de la historia del Talmud y la concepción judía del mismo. El Judaísmo mesiánico no está en contra del talmud, porque es una compilación de enseñanzas de distintos rabinos de muchas épocas, no se puede generalizar de esa forma, si bien, en general se concibe bajo la concepción de que el Mesías [Yeshúa] no ha venido, con muchos rabinos des-legitimando a Yeshúa como el Mesías, tiene dentro de sí muchas referencias correctas a la figura del Mesías, a la interpretación de la Torah (actualizándola a problemas contemporáneos), dichos, enseñanzas éticas, antecedentes históricos y, en general, la construcción de lo que hoy conocemos como judaísmo. El judaísmo Mesiánico no abandona la judeidad que se tiene, sino que cambia la perspectiva judía sobre el Mesías que, al fin y al cabo, es el centro de la fe, construyendo (y recuperando) una identidad judío mesiánica. Siglos construyendo conocimiento no pueden ser echados a la basura ni menospreciados, ya que a las finales, no sabemos si muchos de los rabinos citados en el Talmud hayan creído en Yeshúa como el Mesías o no podemos hacernos ciegos no mirando los argumentos contra nuestra fe, como dijera el Apóstol Pablo (Shaliaj Shaúl) “Examinadlo todo; retened lo bueno.”

Por Pablo Verbitsky (Una visión judía del Talmud)

¿Qué es el Talmud? Se trata de una colección de libros, de una vasta enciclopedia muy desordenada, de la vida y la labor espiritual del pueblo de Israel, de la dialéctica, de la teología, de la escolástica, de la hermenéutica judía, escrita en el curso de varios siglos; sus autores, cuyo número ronda en los dos millares, pertenecen a distintas épocas y regiones geográficas, a muy diversas formaciones y capas sociales, sosteniendo a veces teorías muy dispares, incluso contradictorias, expuestas sea a continuación una de otras o alejadas entre sí, resultando que junto a ideas sublimes se hallen opiniones vulgares; que junto a moralidades elevadas vengan citadas supersticiones populares; que junto a la regla médica, lógica y perfectamente reglamentada, aparezcan remedios de curandero. El Talmud es eso, una enciclopedia sui generis, pero es la evolución del pueblo judío, sin interrupción, a través de la historia, siendo el mayor símbolo de su lucha por su existencia espiritual.

imagesEl texto más sagrado para el judaísmo es La Torá, (o sea El Pentateuco; compuesto por Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio); los primeros cinco libros del Tanaj (La Biblia). Esos escritos tienen entre sí una unidad y representan la base de la Ley tradicional del pueblo judío y de su concepción de la vida y el universo. Transcurre entre la creación del mundo y la muerte de Moisés. La Biblia contiene también otros textos fundamentales: Profetas, Jueces, Reyes, Crónicas, Salmos, Proverbios, etc. Según la tradición, la Ley Escrita (La Torá) fue revelada a Moisés con un complemento de explicaciones conocidas como la Ley Oral (Torá she bé al Pé) fue transmitida de generación en generación hasta la época del Talmud.

Desde el comienzo de los tiempos se estableció que la Ley Oral no debía escribirse, para no anquilosarla y convertirla en dogma autoritario, sino que debía ser interpretada y reinterpretada por maestros y alumnos en base al análisis, el estudio y la discusión. Como la vida del pueblo hebreo no fue nunca fácil y se temía que (como había pasado en ocasiones y volvería a pasar) pudiese ocurrir una gran matanza que aniquilara a los conocedores de la Ley Oral y que ésta pudiera perderse, se decidió, tras numerosísimas discusiones, alegatos en pro y en contra, que se redactara lo que fue llamado la Mishná.

La Mishná viene a ser una recopilación de decisiones y leyes tradicionales que abarca todos los sectores de la legislación civil y religiosa, compilación realizada por los llamados Tanaim, o sea los eruditos de Eretz Israel entre los siglos I y III de la Era Común. El redactor fundamental de la Mishná fue Iehuda Hanasí, alrededor del año 200 EC, quien reunió las enseñanzas de los Tanaim, las seleccionó, y las ordenó por temas. Sus discípulos la perfeccionaron y completaron por el año 220 EC. Otro destacadísimo erudito que colaboró en la redacción de esta obra fue Rabí Akiva, y también varios de sus alumnos, especialmente Rabí Meir. La Mishná se divide en 6 órdenes: la tierra, el tiempo, lo femenino, la sociedad, lo sagrado y la muerte. Hay en total 63 tratados de Mishná que reúnen un total de 580 capítulos. El idioma en que fue escrita era un hebreo muy cercano al arameo, idioma denominado “lengua de los sabios” que se usaba en las Ieshivot (academias rabínicas) en aquella época. Esencialmente la Mishná es un resumen de las leyes que complementan, analizan y explican las leyes de la Torá. El idioma en que estaba escrita la Torá, las palabras y giros idiomáticos usados y otras características del llamado Libro de los Libros, se prestaba a diferentes interpretaciones; algunos sabios opinaban que tal cosa quería decir tal cosa y otros sabios sostenían que significaba tal otra, en ocasiones dos interpretaciones no solamente eran distintas sino contradictorias. Pocos años antes del inicio de la Era Común existieron las escuelas de Hilel y Shamai, dos grandes sabios, eruditos ambos y profundamente estudiosos. Cada uno de ellos dirigía una escuela pero sus criterios eran generalmente opuestos. Así paso en muchísimas otras ocasiones, casi siempre existían dos interpretaciones distintas y generalmente contradictorias entre los eruditos de las diferentes Ieshivot. Zugot se les llamaba a las parejas (fueron cinco) que oponían sus criterios para así profundizar más en los planteamientos de la Torá y en general la Biblia, en esas Zugot uno era el Presidente del Sanedrín y el otro oficiaba como Av Bet Din, o sea como Jefe de la Corte Rabínica. Las parejas fueron Iosi Ben Io`ezer y Iosi Ben Iojanan; Iehoshúa Ben Prajía y Nitai Haarbeli; Iehuda Ben Tabai y Shimón Ben Shetaj; Shmaiá y Avtalión. Posteriormente a todos estos los más famosos, los nombrados Hilel y Shamai.

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Volviendo a la historia del Talmud debemos decir que Mishná hay una sola, la compuesta en Eretz Israel. Pero ella sola no compone el Talmud, éste es La Mishná más la Guemará, que viene a ser el complemento definitivo para la comprensión de la historia, las costumbres, las creencias del pueblo judío. La esencia de la Guemará son las discusiones, polémicas, y controversias entre los sabios. Pero no existe un solo Talmud, sino que hay dos: El Talmud Babilónico, que está considerado el mejor y más completo y el Talmud de Jerusalem (aunque fue compuesto en Séforis, Cesarea y Lydda, y redactado definitivamente en Tveria hacia el 380 EC, no obstante se le llama Talmud de Jerusalem). Este último fue concluido alrededor del Siglo IV y el redactado en la Diáspora babilónica alrededor del año 500 EC. Hubo una Guemará también en Israel pero mucho más pobre que la babilónica, aparte de haber perdido muchas páginas en el transcurso de los siglos. La Guemará babilónica, fue redactada por Rab Ashi alrededor del año 400 EC con la colaboración de su alumno Rabina, y fue terminada alrededor del 500 EC. Para ésta época ya Babilonia representaba no sólo el lugar de la Diáspora donde más judíos llevaban adelante las tradiciones hebreas sino que existían grandes sabios y las mejores Ieshivot de la época.

Surgen pues en Babilonia dos importantísimas Ieshivot, la de Sura y la de Nehardea, posteriormente trasladada a Pumbedita y que tal vez fue la más importante de todas las de aquellos tiempos. Los que compilaron la Guemará fueron los llamados amoraím (intérpretes). A partir de allí quedó establecida definitivamente la Halajá como código de todas las normas que rigen la vida del pueblo. Cada una de las leyes es denominada Halajá. Como ya no había una Ley Escrita y otra Ley Oral a partir de determinado momento todos los agregados y las renovaciones fueron hechas de forma escrita, ya que todas eran disposiciones, reglamentos y leyes escritas. El Talmud contiene la Agadá además de la Halajá. La Halajá regula las relaciones entre el hombre y Di-s y entre el hombre y su prójimo, establece las leyes y reglamentos. La Agadá trata de las leyendas, las tradiciones no religiosas, creencias, ideas y moral.

En la Guemará aparecen las discusiones sin determinar cuál de las partes tiene razón; por lo tanto, desde que se completó el Talmud de Babilonia, los sabios de la Halajá debieron decidir respecto de los temas pendientes y de las preguntas y problemas que fueron surgiendo. Desde entonces en adelante han seguido apareciendo textos agregados por los eruditos. Y llegó el momento de referirnos a Rashí (Rabenu Shlomó Itzjaki), quien vivió en el siglo XI, y está considerado como el más grande exegeta tradicional de la Torá y del Talmud, uno de los más importantes poskim (legisladores) de la Halajá y uno de los modeladores del idioma hebreo.

Entre los Siglos XII y XIII aparecen dos grandes sabios, ambos nacidos en España, pero que por diversas razones, fundamentalmente persecuciones religiosas, tuvieron que emigrar a otros lugares: Moshé Ben Maimón “Rambam” (Maimónides) y Moshé Ben Najmán “Ramban” (Najmánides). Maimónides fue uno de los más grandes pensadores judíos de toda la historia. En su gran libro Mishné Torá (el único que escribió en hebreo) resumió las leyes y las mitzvot (preceptos, leyes o enseñanzas; en total son 613). Rambam fue médico personal del Sultán de Egipto y escribió varios libros de medicina, además de ser Naguid (Jefe de la Comunidad Judía de Egipto), escribió también el Moré Nevujim (Guía de los perplejos) apoyado en Aristóteles, el más grande filósofo griego y hasta describió la organización del futuro estado judío ideal en Eretz Israel regido por las leyes bíblicas (esto en el Siglo XII). Najmánides casi un siglo después de Maimónides defendió y explicó sus ideas y tuvo que participar en las obligadas controversias entre monjes dominicos y eruditos judíos, en éste caso las organizadas por Jacobo I, Rey de Aragón. Entre los que aportaron toda su erudición y sabiduría al estudio del judaísmo, a través de la Torá y el Talmud principalmente, no es posible tampoco dejar de nombrar el Shuljan Aruj, libro escrito por Iosef Caro, uno de los sabios de Tzfat en el Siglo XVI.

El Cristianismo, al crear y establecer su propia religión, cuyo punto de partida fue la religión judía, establecieron, según su forma de ver las cosas que el judaísmo es una religión y nada más. Esto es totalmente erróneo, existe la religión judía, naturalmente, pero el judaísmo es mucho más que eso, es, a partir del Talmud, una práctica normativa, una filosofía de la vida, una concepción ética.

images (1)El Talmud (fundamentalmente el de Babilonia) tuvo una influencia fundamental en la historia judía a lo largo de los siglos. Se convirtió, junto con la Torá, en uno de los valores básicos, en muchos lugares casi el único valor, de la tradición judía, el fundamento de las ideas y aspiraciones judías y la guía de la vida diaria. Los restantes componentes de la cultura nacional cobraban relieves únicamente en la medida en que se hallaban insertos en el Talmud. En casi todos los períodos anteriores a la Edad Moderna, el Talmud fue el principal objeto de estudio y educación en las comunidades judías; toda las circunstancias y los acontecimientos exteriores no parecían sino incidentes transitorios; la única realidad auténtica y permanente era la del Talmud.

Es imposible concebir y entender la historia de Grecia sin tener en cuenta a Zeus, Apolo, Prometeo. No es posible darse cuenta del significado de la llamada democracia griega (que según nuestros conceptos actuales no lo era) sin saber quiénes eran las Musas, que cosa era el Oráculo de Delfos o documentarse acerca del Vellocino de oro. Porque la historia de un pueblo no es solamente la crónica de los acontecimientos sino también el nivel científico que poseían, sus criterios, su geografía y su psicología, y más que todo eso sus creencias. Algunos científicos han estudiado desde múltiples ángulos y puntos de vista. Se ha planteado la posibilidad de que la Torá no fuera dictada a Moisés por Di-s sino que podría haber sido escrita en el transcurso de varios siglos y por diferentes redactores. Si esto fuera cierto, no la desmerecería absolutamente en nada, sería un mérito enorme que durante mucho tiempo y por diversos hombres se haya escrito una obra tan bella, tan ética, con preceptos y Mandamientos para hacer mejores a los propios hombres.

Un polaco o un mexicano pueden ser cristianos o no. Serán un polaco y un mexicano religiosos o serán un polaco y un mexicano no observantes. ¿Y los judíos, sean polacos, mexicanos, cubanos, portugueses o turcos dejarán de ser judíos aunque no tengan observancia religiosa? El judaísmo es más que una religión. A partir de finales del Siglo XIX, en el Siglo XX y en lo poquito que llevamos del Siglo XXI, o sea en el Tercer Milenio de la Era Común, existe un alto porcentaje de personas que se consideran judíos y están interesados en el judaísmo, incluso centenares de miles que han ido a vivir a Israel, en donde nació el judaísmo, pero que no son observantes y que de ninguna manera consideran que eso sea un obstáculo para su judaísmo.

La Torá, sigue siendo el punto de partida de nuestro pueblo. Su estudio permanente determinó que surgiera el Talmud, obra de grandes enseñanzas y de moralejas para mejorar a los seres humanos. El Talmud fue durante alrededor de 15 siglos la muralla tras la que se protegían los judíos para poder sobrevivir en un mundo que los acosó, asesinó y segregó tanto. Es absolutamente indudable que el pueblo judío se encerró dentro del Talmud durante siglos para protegerse de las agresiones externas y lograr mantener sus creencias, sus costumbres, su esencia y hacer posible que el judaísmo llegara hasta nuestros tiempos y que permanezca, y permanecerá durante muchos siglos más sin el más mínimo lugar a dudas.

Fuente: ChCuba