El significado de la Fiesta de Sucot

sucotLa Fiesta de Sucot es una de mis favoritas. Todas las fiestas de Dios están llenas de creatividad y maravilla; tesoros y promesas. Pero en la literatura judía, Sucot es comúnmente llamada simplemente “LA fiesta”. No requiere de ninguna otra aclaración. Tres veces al año, todo Israel tenía que hacer el peregrinaje a Jerusalén para la Pascua y Shavuót en la primavera, y luego para Sucot en el otoño. Sucot significa “refugios”, “cabañas”, o “tabernáculos”. Esta es una fiesta en la que Dios instruye a su pueblo sobre construir un refugio temporal o una cabaña para acampar por una semana. Cuando era niño me encantaba hacer madrigueras, y Sucot es un poco así. Pero ¿por qué quiere Dios que hagamos madrigueras en el mundo?

¿Por qué construir una cabaña?

En su genio creativo, visto no sólo en el mundo natural que nos rodea, sino también en la ley que Dios mismo dictó, podemos ver que Dios también sabía cómo construir un refugio eficaz que sería para estimular el pensamiento. Él sabía que esta actividad podría ayudar a recordar al pueblo el viaje que habían tenido con Él a través del desierto. Ese tiempo de vagar en el desierto fue donde se forjó la nación de una vez por todas como una comunidad de fe, siguiendo al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Sus tiendas eran sólo temporales, viajaron hacia un hogar más permanente, donde podrían vivir con su Dios.

La prescripción rabínica para estas madrigueras se ha vuelto muy complicada, pero en esencia, debe ser de al menos tres paredes (hechas de madera o material, por lo general) y el techo debe estar hecho de materiales naturales como hojas de palma, de modo que se pueda ver el cielo nocturno a través de las aberturas. Estos refugios son para recordar al pueblo de Israel en la época en que viajaron a través del desierto en refugios temporales, recogiendo y moviéndose como fuera necesario. Por la semana, se supone la gente que come en su Sucá, e incluso duerme en ella, ¡si que están locos! Por lo general, están decoradas con frutas de la temporada y la producción, y es una actividad divertida y familiar el construir una Sucá y decorarla juntos. Hoy en día, por supuesto, usted puede comprar Sucot listas para armar, como tiendas de campaña o cabañas portátiles, y la decoración está en las tiendas, toda está hecha para añadirla para los toques finales.

Un tiempo para compartir y la comunión

Es tradicional invitar a huéspedes todas las noches de la semana de la larga fiesta, y compartir y disfrutar juntos la Sucá, para extender la hospitalidad, la amistad y las historias. Es un momento para celebrar los frutos de la cosecha, y para la alegría, dando gracias por todo lo que Dios nos ha dado, y dar de vuelta a Dios a cambio. Deuteronomio 16:13-17 dice:

Y te regocijarás en tus solemnidades, tú y tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que estén dentro de tus ciudades.

Siete días celebrarás para el Señor tu Dios en el lugar que el Señor haya escogido, pues el Señor tu Dios te habrá bendecido en toda tu cosecha y en toda obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre.

Cada año, todo varón tuyo comparecerá tres veces ante el Señor tu Dios, en el lugar que haya escogido, en la solemnidad de los Ázimos, en la solemnidad de las Semanas, y en la solemnidad de los Tabernáculos. No se presentará con manos vacías delante del Señor. Cada uno dará lo que pueda, conforme a la bendición que el Señor tu Dios te haya dado.

El Señor describe sus instrucciones sobre esta fiesta tres veces, en Levítico 23, Números 29 y Deuteronomio 16. Es un tiempo en que él quiere que su pueblo reconozca lo que tiene para ofrecer del alimento de su cosecha, ¡y es un tiempo en que él ordenó a su pueblo REGOCIJARSE! Dios quiere que vayamos a través de este transcurso de recordar, recopilar, agradecer, dar, y regocijarnos.

¿Podemos estar gozosos en el mandamiento?

Tal vez le parezca extraño estar mandado a regocijarse, pero la Biblia de hecho lo manda muchas veces. ¿Podemos simplemente “activar” esta emoción? En primer lugar, regocijarse es un acto, más que una emoción, pero, en segundo lugar, sin duda hay cosas que podemos hacer con el fin de posicionarnos para estar llenos de alegría.

Gratitud

Cuando reflexionamos sobre todas las cosas buenas en nuestras vidas, y contamos nuestras bendiciones, inevitablemente encontramos que tenemos mucho de que alegrarnos. Tengo la costumbre de escribir una lista de agradecimientos cada mañana en una libreta, ¡y me aseguro de llegar hasta la parte inferior de la página antes de parar! Las libretas varían de tamaño, pero la disciplina es buena para conseguirlo. He oído decir que recordando sólo 5 cosas en lo que usted está agradecido cada mañana, tendrá un efecto significativo en su perspectiva. Otro ejercicio es recorrer el alfabeto, una letra a la vez, pensando en algo en que agradecer que comience con cada letra. Tienes la idea. Ser agradecidos toma un poco de esfuerzo al principio, pero se vuelve más y más natural, cuanto más lo hacemos. Y cuanto más mantenemos una actitud de agradecimiento, inevitablemente llegaremos a estar más alegres.

Estar llenos del Espíritu Santo

El Espíritu Santo (Rúaj Hakódesh), produce naturalmente el fruto de la alegría en nuestras vidas, y con mayor razón, cuando estamos dispuestos a dejar que nos llene por completo. Dios ama a darnos su Espíritu, y los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23). De hecho, se nos manda en Efesios 5:18 estar llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo hacemos eso? La respuesta de Yeshúa en Lucas 11 es simple: ¡Pídelo! Yeshúa nos asegura que el Padre está dispuesto y listo a dar el Espíritu Santo a quienes lo piden. Sin embargo, cuando estamos “llenos de nosotros mismos”, no podemos estar llenos del Espíritu. Debemos estar dispuestos a dar al Espíritu más espacio, control y autoridad en nuestras vidas. Cuando estamos llenos de pecado, orgullo, temor y así sucesivamente, nuestro ego se interpone en el camino, pero podemos ir delante de Dios, confesar nuestros pecados, recibir su perdón, e invitarlo a ocupar el primer lugar de nuevo por fe. Nuestra oración puede ser, “¡Menos de mí y más de ti, Señor! (¡Yoter mimjá, pajot mimeni, Adón!)

La alegría proviene de la obediencia

Se dice que, si usted se siente mal humor, sólo el acto de sonreír repetidamente puede mejorar su estado de ánimo. De manera similar, el consejo de un rabino a un hombre que estaba luchando por amar a su esposa, era hacer los actos que haría como si él la amara, y que, con el tiempo, inevitablemente los seguirían los sentimientos. El famoso sabio judío, Rambam, dijo que, si tenía 1000 monedas para dar, él daría a 1000 hombres una moneda en lugar de 1000 monedas a un solo hombre, porque el acto repetido de dar 1.000 veces lo convertiría en un hombre más generoso. Nuestras acciones pueden convertirse en hábitos, que pueden influir en nuestro corazón. De esta misma forma, podemos regocijarnos delante de Dios; dándole las gracias, adorándole y regocijándonos aun cuando no tenemos ganas, pero si continuamos obedeciendo sus mandamientos de alegrarnos, con el tiempo, nuestros corazones verdaderamente se llenarán de alegría.

Comunión con Dios

Hemos venido de un largo camino, y estado en un viaje de aventuras, como los israelitas. Es un buen tiempo para reflexionar sobre la bondad y la provisión de Dios a lo largo del camino, y para recordar la forma en que él nos llevó a través de los tiempos difíciles, los desiertos, en nuestras vidas. Y lo más glorioso en Sucot, es que también apunta hacia el deseo de Dios de habitar con su pueblo. Su disposición no es meramente física (a pesar de que tenemos mucho que agradecer por ello), pero tampoco ha retenido a su único Hijo, sólo para que podamos vivir juntos con él por toda la eternidad.

Podemos tener comunión con Dios porque él vino a la tierra como un hombre, y tabernaculizó entre nosotros. Él se convirtió en carne y hueso, visible y palpable, Dios encarnado, viviendo en medio de su pueblo en la tierra, y aun su Espíritu vive ahora, o tabernaculiza en nuestras vidas, si lo invitáremos. Yeshúa dice; “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Revelaciones 3:20). Así es como el mejor amigo de Yeshúa lo expuso:

“Lo que era desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida, (porque la Vida fue manifestada, y la hemos visto, y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba ante el Padre, y nos fue manifestada). Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que también vosotros tengáis comunióncon nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo, Yeshúa el Mesías. Y estas cosas os escribimos para que nuestro gozosea completo.” (1 Juan 1:1-4)

Y cientos de años antes, Zacarías profetizó este mismo evento:

“¡Canta alabanzas y alégrate, hija de Sión, porque Yo vengo a habitar (tabernaculizar) en medio de ti!, dice el Señor. Aquel día se unirán al Señor muchas naciones, y me serán por pueblo, y habitaré en medio de ti, y conocerás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti.” (Zacarías 2:10-11)

Sucot también apunta proféticamente hacia la segunda venida de Yeshúa, y al fin último de todas las cosas, cuando Dios habite entre nosotros, y viviremos con él para siempre. ¡Qué gran motivo de regocijo!

Fuente: oneforisrael.org

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