Parashat Shoftim / שופטים / Jueces: “La Conexión Entre Justicia y Rectitud”

  • Shoftim (שופטים| Jueces)
  • (10 de septiembre, 2016 | 7 de Elul, 5776 | ז באלול תשע”ו)
  • Torá: Deuteronomio 16:18-21:9
  • Haftará: Isaías 51:12–52:12
  • Evangelio: Mateo 26:47-27:10

“Pondrás jueces [shoftim] y oficiales en todas las ciudades que el Señor tu Dios te dé para tus tribus, y juzgarán [shaftú] al pueblo con juicio recto [mishpat-tzédek].” (Deuteronomio 16:18)

justiciaLa semana pasada, en la Parashat Re’é, leímos que Moisés dijo a los israelitas que Dios puso la bendición y la maldición delante de ellos. La bendición vendría cuando obedecieran los mandamientos de Dios, y la maldición si los abandonaran.

La Parashá [porción] de esta semana se abre con los conceptos bíblicos de los jueces, juicio justo y la justicia. La primera palabra de la lectura de la Parashá es shoftim (jueces), que se deriva de la palabra shafat (juzgar o gobernar).

Para enfatizar el tema de la justicia, la palabra hebrea tzédek (justicia) se repite dos veces en el verso 20:

“Justicia, justicia seguirás [tzédek tzédek tirdof], para que vivas y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da.” (Deuteronomio 16:20)

En hebreo, la justicia (tzékek) está estrechamente ligada a la justicia y la santidad. De hecho, las palabras justo (tzadik) y caridad (tzedaká) están relacionados con la justicia (tzédek).

Sólo se deduce, entonces, que Dios es un Dios de Justicia.

Él es llamado “el Señor es nuestra Justicia” (YHVH Tzidkenu), el Dios Justo (Elohim Tzadik), y Juez Justo (Shofet Tzadik).

El profeta Isaías declaró, “Pero el Señor de los Ejércitos [YHVH Tsebaot] será exaltado por su juicio [mishpat], y el Dios santo se mostrará santo por su justicia [tzedaká].”   (Isaías 5:16)

La justicia es el fundamento de la legislación humana de la Torá, así también el requerimiento de Dios para Israel se caracteriza por la justicia, la integridad y la caridad.

“Cuando abundan los justos [tzadikim], el pueblo se regocija, cuando gobierna el impío, el pueblo gime.” (Proverbios 29:2)

Donde no hay justicia, no hay reconocimiento del derecho de todo ser humano a ser tratado con justicia, respeto y amabilidad.

Los que oprimen, maltratan, o se aprovechan de los demás, especialmente de los huérfanos, las viudas y los extranjeros, son los enemigos de Dios y del hombre (véase Éxodo 22: 22-24; Deuteronomio 14:29, 24: 19-21, 26: 12- 13, 27:19; Isaías 1:17; Santiago 1:22, 27; 1 Juan 3: 16-18; etc.).

¿Cuál es el resultado final de la justicia y la rectitud? ¡La paz (shalom) y la seguridad!

“El fruto de la justicia [tzedaká] será la paz, el resultado de la justicia [tzedaká] será la calma y seguridad perpetuas.” (Isaías 32:17)

Podemos ver por qué es tan importante que todos quienes están en una posición de autoridad tienen que ser rectos y justos, incluyendo nuestros líderes de gobierno y oficiales, jefes, e incluso los padres y madres.

Un Modelo de Justicia de Realeza

En su mensaje de despedida a la nación de Israel, Moisés se dirigió hacia el tema de la autoridad. El profetizó que Israel pediría un rey que gobernara sobre ellos en la Tierra Prometida:

“Cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da, y la tengas en posesión y habites en ella, y digas: Quiero poner sobre mí un rey, como todas las naciones que están en mis alrededores, 15 solamente podrás poner rey sobre ti a aquel que el Señor tu Dios haya escogido. Pondrás por rey sobre ti a uno de entre tus hermanos. No podrás poner sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo.” (Deuteronomio 17:14-15)

Como predijo Moisés, después de casi cuatro siglos en la Tierra, el pueblo de Israel demandó un rey. Dios y el profeta Samuel se disgustaron con su petición, considerándola como un rechazo del reino de Dios sobre Israel.

“Y el Señor dijo a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan, porque no te han rechazado a ti, sino que me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos”. (1 Samuel 8:7)

El problema no era que Israel quisiera un rey; Moisés había profetizado que tendrían un rey sobre ellos en la Tierra. El problema era la forma en que pidieron y la motivación detrás de la solicitud.

Ellos dijeron a Samuel:  “… Ahora pues, constitúyenos un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones…”   (1 Samuel 8:5)

Dios nunca quiso que Israel fuera gobernado por un rey como los que se encuentran en las naciones paganas. El Rey de Israel debía ser un modelo de justicia y rectitud, un ejemplo a seguir para el resto de las naciones.

Yeshúa: Modelo de Liderazgo de Servicio

El rey judío ideal o líder es único entre las naciones.

Es un líder servidor que es culto, piadoso, justo y temeroso de Dios. Es alguien que anima al Pueblo Judío para cumplir con su misión de ser luz a las naciones.

Yeshúa (Jesús) modeló perfectamente un liderazgo de servicio. También entrenó a sus discípulos en este estilo de liderazgo:

“Entonces Yeshúa los llamó y les dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen su autoridad sobre ellas. No será así entre vosotros, sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor. Y el que quiera ser primero entre vosotros, será vuestro esclavo, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:25-28)

Cuando Yeshúa lavó los pies de Sus discípulos, Él nos mostró un bello ejemplo de cómo debemos servir a los demás.

“Pues si Yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Porque ejemplo os di, para que como Yo os hice, así también hagáis vosotros.” (Juan 13:14-15)

El idioma hebreo en sí revela que Dios tiene la intención que aquellos en posiciones de autoridad sean ejemplos para que otros emulen.

La palabra hebrea para gobierno es memshalá, la que está relacionada con la palabra mashal (regir o gobernar). Mashal viene de la raíz hebrea m-sh-l (משל), que significa “ser como” o “compararse” y, por lo tanto, lleva la connotación de “ejemplo”. En consecuencia, mashal también significa proverbio o parábola.

Yeshúa es el eterno Rey de Israel que gobierna y reina en el trono de David en justo juicio y justicia. Y en todas nuestras funciones de liderazgo, hemos de seguir su ejemplo de decisión o gobierno.

Cuando Isaías profetizó sobre el Mesías, el escribió que “un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado; el dominio estará sobre su hombro, y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su principado y la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para disponerlo y afirmarlo con la justicia [tzedaká] y el derecho [mishpat] desde ahora y para siempre.” (Isaías 9:6-7)

El Rey David: Modelo de Autoridad Justa

El Rey David también puso en práctica una autoridad justa

David fue ungido de Dios, un tipo de Mesías. La palabra “Mesías” en hebreo es “Mashiaj” que significa “ungido.”

Dios puso a David en el trono cuando Él removió a Saúl como rey de Israel a causa de su desobediencia. Dios escogió a David, porque él era un hombre conforme a su corazón que gobernaría a Israel con rectitud y justicia.

Eso no quiere decir que David era un hombre perfecto, de cualquier forma; como todos sabemos, él tomó a la esposa de otro hombre (Betsabé) y puso a su marido Urías al frente para que muriera en la batalla. A pesar de este pecado de bronce, David también era un hombre temeroso de Dios, un hombre humilde que se arrepintió de esta terrible transgresión.

Esta calidad es esencial para la autoridad justa, la disposición a escuchar una reprensión divina, y de arrepentirse y volver a Dios.

Un líder debe poseer una combinación de fuerza y humildad. Debe ser capaz de hacer la labor sin abusos y ejerciendo la compasión, y sin menospreciar.

El Patrón de Oro del Liderazgo

La Parashá Shoftim detalla el comportamiento apropiado del rey de Israel.

El rey no tenía que reunir para sí mismo un grupo de bellas mujeres o montones de dinero. En su lugar, tenía que atesorar el libro de la ley (Torá) y diligentemente leerlo. Él tenía que temer al Señor y guardar Sus leyes y estatutos.

“Sólo que él [el rey] no debe aumentar para sí caballos… No aumentará para sí mujeres… ni acumulará para sí mucha plata y oro. Y sucederá que, cuando se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta Ley en un rollo… Y lo tendrá consigo y leerá en él todos los días de su vida, a fin de que aprenda a temer al Señor su Dios, guardando todas las palabras de esta Ley… A fin de que su corazón no se eleve sobre sus hermanos…” (Deuteronomio 17:16-20)

Según el Talmud (tradición oral), el rey de Israel poseía dos copias de la Torá: una que guardaba en su colección privada y otra que llevaba consigo.

Hoy, 3000 años más tarde, la Biblia sigue guiando a los líderes en las decisiones sabias.

Por ejemplo, cuando se coronaron los monarcas británicos, fueron presentados con una Biblia junto con las palabras, “Les presentamos este libro, lo más valioso que el mundo ofrece. Aquí hay sabiduría; esta es la ley real; estos son los oráculos vivientes de Dios”.

Oren Por Quienes Están en Autoridad

“Exhorto pues, ante todo, que sean hechas peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias, por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en eminencia, a fin de que podamos vivir quieta y sosegadamente, con toda piedad y dignidad.” (1 Timoteo 2:1-2)

Tenemos que orar para que nuestros líderes de gobierno y aquellos que tienen autoridad sobre nosotros sean sabios, justos, y rectos, para que podamos vivir en shalom (paz).

La gente en posiciones de poder comete errores que pueden tener consecuencias devastadoras para el pueblo que gobiernan.

En el libro de Éxodo, vemos un ejemplo perfecto de esto en el faraón de Egipto. Todos los egipcios, incluso los hombres inocentes, mujeres y niños sufrieron a causa de la dureza y el endurecimiento del corazón del faraón.

Aunque la gente en posiciones de liderazgo y autoridad a menudo tienen más privilegios que el hombre común, ellos también acarrean una mayor responsabilidad. A mayor posición de una persona, mayor es el estándar requerido.

El libro de Santiago revela que incluso los maestros serán juzgados con mayor severidad que los demás (Santiago 3:1).

Los errores más pequeños de nuestros grandes líderes judíos fueron castigados severamente. Incluso el propio Moisés no entró en la tierra porque él golpeó la roca en lugar de hablarle como Dios lo ordenó.

El rey Salomón (Shlomo) comprendió esto muy bien. Y porque lo hizo, oró fervientemente a Dios por sabiduría para discernir lo bueno y lo malo en juzgar a Israel.  (1 Reyes 3:9)

Shlomo pidió a Dios un ‘lev shome’a”, que significa literalmente un “corazón que escuche“.

“Da pues a tu siervo un corazón que sepa escuchar [lev shome’a], para juzgar [shafat] a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque, ¿quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?” (1 Reyes 3:9)

A pesar de toda la sabiduría que Dios le dio a Salomón, su caída fue que él no escuchó la palabra de la Torá que le prohibía tener muchas esposas (Deuteronomio 17:17). Al final, las muchas mujeres extranjeras del rey Salomón desviaron su corazón del Señor para servir a dioses extraños.

Con el fin de hacer juicios justos sobre personas y situaciones en nuestra vida, tenemos que tener un corazón que oiga de Dios y esté dispuesto a ser someterse a la Palabra de Dios.

Juzgar a Otros

El juicio es un tema fuerte que se recorre a través de la Parashat Shoftim. Yeshúa (Jesús) también habló sobre el juicio.

Él advirtió, “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1)

¿Esto significa que nunca estamos habilitados para hacer cualquier tipo de juicio sobre algo o alguien?

No. Yeshúa nos enseñó a juzgar de manera justa, sin hipocresía y examinándonos a nosotros mismos primero. Hay una especie de juicio justo del que se supone que debemos ejercer cuidado:

“No juzguéis por apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24)

Al final, sin embargo, sólo Dios es perfectamente recto y justo. Sólo Él puede lograr el equilibrio perfecto entre la justicia y la misericordia.

Podemos estar eternamente agradecidos por la muerte de Yeshúa en la estaca de la ejecución, donde hemos escapado del juicio que tan justamente merecemos. ¡Haleluyah!

Podemos estar agradecidos, que en Yeshúa, la misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13).

“¡Sin duda, el justo [tzadik] es recompensado; ciertamente hay un Dios que juzga [shafat] en la tierra!”  (Salmo 58:11)

Fuente: messianicbible.com

Vea también

camino

Parashat Re’é / ראה / Mirad: “Un camino a elegir”

Re’é (ראה | Mirad) (3 de septiembre, 2016 | 30 de Av, 5776 | ל באב תשע”ו) Torá: Deuteronomio ...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *