Maestro, Enséñanos a Orar

orarCuando Yeshúa enseñó a sus discípulos la oración del Padre Nuestro, ¿cómo les dio a entender que debían usarla? ¿Cuándo deberíamos orar el Padre Nuestro, y cómo deberíamos orarlo?

Yeshúa estaba “orando en un cierto lugar, y luego de que Él hubo finalizado, uno de Sus discípulos le dijo a Él, ‘Señor enséñanos a orar así como Juan también enseñó a sus discípulos””. (Lucas 11:1). ¿Acaso los discípulos no sabían cómo orar? Al contrario, la oración es uno de los pilares centrales de la práctica judía. Los judíos del primer siglo regularmente participaban en los servicios de oración de la sinagoga y el Templo. Desde una temprana infancia, los discípulos aprendieron las bendiciones, rezos, peticiones y doxologías de la oración judía en la vida diaria.

El rabino Yeshúa enseñó a Sus discípulos una oración. Él dijo, “Oren, entonces, de esta manera: ‘Padre Nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre, venga Tu reino…” (Mateo 6:9). ¿Les dio a entender orar el Padre Nuestro como una oración litúrgica fija, o Él simplemente se las ofreció como un modelo de oración corta digan de emular?

Cualquiera que esté familiarizado con la oración judía reconoce que el “Padre Nuestro” es evidentemente una oración judía que encaja naturalmente en el contexto de una liturgia sinagogal. El Padre Nuestro muestra todos los indicios indicativos de una oración litúrgica. A finales del siglo primero, al menos, los creyentes ya oraban el Padre Nuestro litúrgicamente en los tres momentos de la oración diaria. “Esto es lo que tú debieras orar tres veces por día” (Didajé 8:3).

¿En qué lugar se corresponde el Padre Nuestro en la secuencia de la oración judía? Cuando Yeshúa enseñó su oración a los discípulos, ¿cómo les dio a entender que debían usarla? ¿De qué manera enseñó Juan a orar a sus discípulos? ¿Qué esperaban recibir los discípulos cuando ellos dijeron “Maestro, enséñanos a orar”?

En los días de los sabios, individualmente los rabinos creaban cortas oraciones litúrgicas para sus discípulos para añadirlas como una meditación en la conclusión de sus oraciones diarias. El Talmud preserva diversos ejemplos de distintivas oraciones cortas por un cierto sabio y su escuela de discípulos. Por ejemplo:

“Cuando Rabi Zerá concluía sus rezos con estas palabras: ‘Sea Tu voluntad, oh Señor Dios nuestro, que haya en nuestro destino amor, fraternidad, paz y amistad; que incrementen en medio nuestro los discípulos, y puedas poner nuestra porción en el paraíso, y concédenos buena compañía y una buena inclinación en tu mundo, y podamos levantarnos y hallar el ansia de nuestro corazón de temer Tu nombre, y que te sean gratos los deseos de nuestra alma’.

Cuando el Rabi Yojanán concluía su recitación del rezo, él oraba, ‘Sea Tu voluntad, oh Señor nuestro Dios, considerar nuestro oprobio y mirar nuestra aflicción, y revestirte de compasión, cubrirte en tu fortaleza, envolverte en tu amor y ceñirte en tu gracia, y puedan tus atributos de bondad y piedad colocarse en tu presencia”. (Talmud de Babilonia, Berajot 16b)

Juan el Inmersor enseñó a Sus discípulos una oración particular única para su escuela. Los discípulos de Yeshúa le preguntaron para que les proporcionase tal oración. Él les dio el Padre Nuestro. De la misma manera que los otros rabinos dieron a sus discípulos una oración sellada para su escuela particular de discipulado, Yeshúa nos dio el Padre Nuestro para que sirva como una petición corta por el reino y una conclusión de nuestras oraciones diarias.

Fuente: torahclub

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