Parashat Ékev / עקב / A consecuencia: “Volviendo a la Fuente de Nuestra Bendición”

  • Ekev (עֵקֶב | A consecuencia)
  • (27 de agosto, 2016 | 23 de Av, 5776 | כ”ג באב תשע”ו)
  • Torá: Deuteronomio 7:12-11:25
  • Haftará: Isaías 49:14-51:3
  • Evangelio: Juan 13:31-15:27

Resumen de la Porción

bendiciónLa cuadragésima sexta lectura de la Torá y la tercera lectura del libro de Deuteronomio es llamada Ékev (עקב), una palabra del primer verso de la porción. Deuteronomio 7:12 dice, “entonces sucederá que, en consecuencia (Ékev, עקב) de haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, también el SEÑOR tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres.” Usualmente la palabra Ékev significa “talón”. De hecho, esta palabra comparte la misma raíz de tres letras con el nombre de Jacob (Ya’acov, יעקב), cuyo nombre en realidad significa “talón.” Él nació sosteniendo el talón de Esaú. Sin embargo, en Deuteronomio 7:12, la palabra Ékev significa “en consecuencia de” o “debido a”. Esta porción de Deuteronomio habla de las recompensas que vendrán a Israel en consecuencia de mantener el pacto y los mandamientos de Dios.

La Obediencia

A consecuencia [ékev] de haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, también el Señor tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará…” (Deuteronomio 7:12-13)

La semana pasada, en la Parashá Vaetjanán, Moisés predijo que el pueblo en las futuras generaciones sería desterrado de la Tierra Prometida y esparcido entre las naciones, debido a que ellos voltearían de Dios y adorarían a los ídolos. Pero Moisés también previó que en los últimos días volverían a buscarlo y obedecerían sus mandamientos.

El título de la Parashá de esta semana, Ékev, significa debido a. Se utiliza en esta Parashá como una conjunción para crear una relación entre experimentar la bendición de Dios y la obediencia a Su Torá.

En relación con esto, la porción de la Haftará [conclusión] de esta semana contiene una importante profecía que nos proporciona una visión agregada en la forma de caminar en la bendición de Adonai, a través de la fe y la obediencia.

Estas tres, la fe, la obediencia y la bendición, son vistas operando en nuestro padre Abraham, quien fue el primero que creyó y luego salió en fe, obedeció a Dios y fue circuncidado.

Abraham ejemplifica el concepto de que la obediencia es más que ejercer nuestra voluntad sobre nuestra propia carne; es la fe en acción. Más allá de su fe, fluyó en obediencia a Dios.

En Génesis 15:6, vemos que su fe le fue contada por justicia, y el profeta hebreo Yeshayahu (Isaías) nos invita a mirar a Abraham, nuestro padre de la fe. Hemos de ser como él; poniendo la fe en acción. Luego, experimentaremos las bendiciones que fluyen de la obediencia.

“¡Escuchadme, los que vais tras la justicia, los que buscáis a ADONAI! Mirad a la roca de donde fuisteis tallados, la cantera de donde fuisteis extraídos. Mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; que estando solo lo llamé, lo bendije y lo multipliqué.” (Isaías 51:1-2)

El Talón del Mesías

La palabra ékev viene del verbo akav, lo que significa tomarse del talón. Del mismo modo, el sustantivo hebreo ákev significa talón, como en el talón de un pie. Todas estas palabras comparten las letras de la raíz áin-kof-bet (עקב).

Los sabios judíos antiguos interpretaron este doble significado de áin-kof-bet refiriéndose a la generación de los “talones del Mashíaj (Mesías).”

La última generación del exilio se llama Ikvata d’Meshijá o los Talones del Mesías, ya que esta generación espera oír los pasos del Mesías.

La palabra ákev se utilizó por primera vez en Génesis en una importante profecía: la simiente de Java (Eva), eventualmente, aplastará la cabeza de la serpiente.

“Y pondré enemistad entre ti [la serpiente] y la mujer, Y entre tu descendiente y su descendiente. Él te aplastará la cabeza, y tú herirás su calcañar [ákev].” (Génesis 3:15)

Esta es la primera profecía mesiánica en la Biblia.

De esto entendemos que el enemigo intentaría atacar el talón del Mesías; en su lugar, sin embargo, nuestro Mesías aplastaría la cabeza del enemigo y destruiría las obras del diablo.

“El que practica el pecado procede del diablo, pues el diablo peca desde un principio. Para esto fue manifestado el Hijo de Dios: para que destruyera las obras del diablo.” (1° Juan 3:8)

La Fe y La Tierra Prometida

En el clima actual del reavivado antisemitismo, muchos consideran que es objetivamente o políticamente incorrecto referirse a Israel como la tierra prometida al pueblo judío. La Palabra de Dios no tiene dicha limitación.

Dios es el Señor de toda la tierra, pero la Tierra de Israel es única entre las naciones; no es como cualquier otra nación de la tierra. Es una Tierra que Dios cuida y vigila continuamente.

“Sino que la tierra que pasáis a poseer es una tierra de montes y planicies que se abreva con las aguas de la lluvia de los cielos. Es una tierra que Adonai tu Dios cuida. Los ojos de Adonai tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final del año.” (Deuteronomio 11:11-12)

En la Parasha Ékev, Moisés, que continúa su discurso de clausura para los hijos de Israel antes de que crucen el Río Jordán (que comenzó a principios de Deuteronomio), les dice que, si son obedientes a la Torá, prosperarán en la tierra que están a punto de conquistar.

El pueblo está por poseer la Tierra y no teme de las naciones que viven allí porque Dios los expulsará.

“Aniquila a todos los pueblos que Adonai tu Dios te entregue… No las temas, recuerda bien lo que Adonai tu Dios hizo a Faraón y a todo Egipto… No tiembles ante ellos, porque Adonai tu Dios está en medio de ti como Dios grande y terrible. Adonai tu Dios irá expulsando esos pueblos poco a poco. No podrás acabar con ellos en seguida, no sea que las fieras del campo lleguen a ser demasiado numerosas para ti.” (Deuteronomio 7:16-22)

Incluso hoy en día, Israel no teme a la gente de la Tierra, porque nuestro Dios es con nosotros para ayudarnos, así como Él nos ha ayudado en tiempos antiguos en Egipto y en Israel.

Aunque Hamás y otras organizaciones terroristas han participado en batallas brutales para tomar la tierra del pueblo judío, los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel con valentía arriesgan sus vidas para restaurar la seguridad de la tierra dada al Pueblo Judío.

Aunque los enemigos de Israel lo puedan superan enormemente, la Palabra de Dios promete que Él velará por ella día y noche.

“He aquí no se adormecerá ni dormirá, el que guarda a Israel.”  (Salmo 121:4)

El plan para destruir a Israel es del enemigo, y todos aquellos que se hacen enemigos de Dios se encontrarán bajo los pies de Yeshúa HaMashíaj (Jesús el Mesías). (Salmo 110:1; Hebreos 10:13)

Hay quienes no están dispuestos a escuchar la verdad bíblica de que Dios ha dado la Tierra de Israel al pueblo judío, pero los que conocen a su Dios se mantendrán firmemente sobre la Roca de la Palabra de Dios.

Volviendo a la Fuente de la Bendición

“Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Adonai, que hizo los cielos y la tierra.” (Salmo 121:1-2)

En Israel hoy en día, la terrible lucha contra el terrorismo ha hecho que muchos del pueblo de Dios tornen sus corazones hacia Él en su búsqueda de ayuda y victoria.

A lo largo de la historia de Israel, sin embargo, vemos una y otra vez que cuando Dios bendijo al pueblo judío, muchos pronto se olvidaron de Él como la fuente de su bendición y tornaron de su devoción y obediencia a Adonai.

Dios dijo de Gomer, la esposa infiel del profeta Oseas:

“Ella no entendía que era Yo quien le daba el grano, el mosto y el aceite, quien le multiplicaba la plata y el oro, que usan para Baal”.  (Oseas 2:8)

Debemos recordar siempre que cuando prosperamos en la tierra que Él nos da, es Dios quien es la fuente de toda nuestra bendición.

Nunca debemos dejar crecer el orgullo en nuestros corazones y pensar que nuestras propias capacidades son la fuente de todo lo que tenemos y gozamos.

Si entendemos que lo que tenemos ha nos sido dado por Dios, estamos más propensos a mantener una actitud de agradecimiento, y de ser buenos administradores, utilizando nuestras bendiciones de una manera que agrada a Dios.

Cada uno de nosotros hoy debe considerar la advertencia de Moisés al pueblo de Israel:

“Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me ha procurado esta riqueza. Antes bien, recordarás a Adonai tu Dios, pues Él es quien te da fuerza para hacer riqueza, a fin de confirmar el pacto que juró a tus padres, como se ve en este día.” (Deuteronomio 8:17-18)

Dios nos da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar Su pacto. Y a pesar de que es la obediencia la que libera las bendiciones de Dios, Él no está más en nuestra obediencia que en nuestros corazones.

Un Corazón circuncidado

La verdadera obediencia comienza hacia el interior con el amor de Dios y la fe en Su carácter.

Por lo tanto, incluso más que la circuncisión física del pacto que, por supuesto es importante, Dios desea que cada uno de nosotros sea circuncidado en nuestros corazones.

No sólo podemos cambiar hacia el exterior, colocándonos en una demostración de religión, carácter, o pureza; tenemos que cambiar por dentro, convirtiéndonos en arcilla blanda y maleable en las manos del alfarero.

“Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.”  (Deuteronomio 10:16)

¿A qué se refiere con no endurecer nuestra cerviz [o cuello]? La circuncisión se refiere a la eliminación del prepucio, pero ¿qué quiere decir con “circuncidar su corazón”?

Un cuello rígido o dura cerviz es un modismo bíblico que se refiere al orgullo y la obstinación. Una persona con una rigidez en el cuello no es flexible. Él no hace su voluntad ni pide la instrucción de Dios.

En Jeremías 4, el corazón incircunciso se compara con la fuerza del suelo en barbecho que no puede ser cultivado, ya que no se ha arado:

“Arad para vosotros en tierra virgen y no sembréis entre espinos. Circuncidaos ante Adonai…, y quitad el prepucio de vuestro corazón.” (Jeremías 4:3-4)

Este pasaje de Jeremías se puede comparar con la parábola del Maestro del sembrador que echa semilla en cuatro diferentes tipos de suelo. La semilla que cayó en el suelo sin arar no se arraigó. La semilla que cayó entre las espinas se ahogó.

En la Biblia, el corazón representa el asiento de la propia voluntad. El corazón no circuncidado es terco e inflexible. Porque no se sujetan a la voluntad de Dios. La Palabra de Dios no puede dar fruto o ni tampoco echar raíces en ese corazón.

Una persona con un corazón no circuncidado es una persona cuya carne (inclinaciones físicas) dicta su voluntad. Una persona con un corazón circuncidado es aquella que ha retirado la carne de su voluntad, permitiendo que el Espíritu de Dios dirija su voluntad.

De acuerdo con Pablo, una circuncisión del corazón tiene lugar cuando confiamos en Yeshúa. Dice a los gentiles de colosenses que “en [Yeshúa] también fuisteis circuncidados con una circuncisión hecha sin mano, desvistiéndoos enteramente del cuerpo de la carne, por medio de la circuncisión del Mesías” (Colosenses 2:11). Él dice a los creyentes romanos que a pesar de que una persona pueda no estar circuncidada físicamente, aún puede tener un corazón circuncidado. Pablo dice: “es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; cuya aprobación no proviene de hombres, sino de Dios.” (Romanos 2:29).

Los que están en Yeshúa deben tener un carácter marcadamente diferente que los que no tienen al Mesías. Nuestra voluntad debe buscar parecerse a la de Dios. Aquellos de nosotros que han experimentado el renacimiento milagroso, que es la obra del Espíritu de Dios dentro de nosotros, a través de la delegación de su Hijo, se supone que tenemos corazones circuncidados.

Finalmente, Dios promete a Israel que los frutos del amor y la obediencia son grandes. Él conducirá a las naciones fuera de la Tierra Prometida y dará a los hijos de Israel éxito frente a aquellos que son más poderosos que ellos.

“Porque si guardáis diligentemente todo este mandamiento que yo os ordeno cumplir, amando a Adonai vuestro Dios, para andar en todos sus caminos, aferrándoos a Él, Adonai expulsará a todas estas naciones de delante de vosotros, y desposeeréis a naciones más grandes y más fuertes que vosotros.” (Deuteronomio 11:22-23)

Fuente: messianicbible torahclub

Vea también

justicia

Parashat Shoftim / שופטים / Jueces: “La Conexión Entre Justicia y Rectitud”

Shoftim (שופטים| Jueces) (10 de septiembre, 2016 | 7 de Elul, 5776 | ז באלול תשע”ו) Torá: Deuteronomio 16:18-21:9 ...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *