Tishá BeAv, el 9 de Av

POR RABBI RUSS RESNIK | www.umjc.org

tishá beav¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te han sido enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos bajo las alas, y no quisisteis! He aquí vuestra casa os es dejada desolada. Porque os digo que, desde ahora en adelante, de ningún modo me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (Mateo 23:37-39)

Y saliendo Yeshúa, se iba del Templo, cuando sus discípulos se acercaron para mostrarle las edificaciones del templo. Tomando entonces la palabra, Él les dijo: ¿Veis todas estas cosas? De cierto os digo: De ningún modo quedará aquí piedra sobre piedra que no sea totalmente derribada. (Mateo 24:1-2).

El templo del cual Yeshúa habló, construido por el remanente judío que regresó a Jerusalén bajo Esdras y Nehemías, y más tarde ampliado y embellecido por Herodes el Grande, permaneció de pie durante casi 500 años. Finalmente, fue destruido en el año 70 en Tishá BeAv, el noveno día del mes de Av, la misma fecha en que el templo construido por Salomón había sido destruido muchos siglos antes. Ambos templos fueron profanados y quemados por las fuerzas imperiales de ocupación, que masacraron a muchos de los habitantes de la ciudad santa. En ambos eventos, Tishá BeAv fue un día de dolor, derrota y exilio para el pueblo judío, el cual tiene ramificaciones incluso hasta el día de hoy. Hubo, sin embargo, una diferencia aparente en las circunstancias de las dos catástrofes, lo que llevó a una discusión registrada en el Talmud (Yoma 9b):

“¿Por qué fue destruido el primer templo? Debido a que durante su época había tres pecados: la idolatría, la inmoralidad y el derramamiento de sangre… Pero en la época del segundo templo, ellos estudiaban Torá, realizaban los mandamientos, y hacían buenas acciones. ¿Por qué entonces fue destruido? Debido a que había odio sin causa, sinat jinam (שנאת חינם), entre ellos”.

¿Cuál era el odio del cual habla este pasaje? En los años previos e incluyendo la revuelta judía contra Roma, surgieron grandes divisiones entre el pueblo judío. Algunos judíos se estaban preparando para un levantamiento armado, y otros se opusieron a él. Algunos estaban en un complot activo con los odiados romanos, y otros, zelotes llamados sicarios, usaban dagas ocultas para asesinar judíos de los cuales sospechaban una colusión con Roma.

La frase sinat jinam, o el odio sin causa, viene de las Escrituras hebreas, donde aparece varias veces. Quizás la aparición más llamativa es en el Salmo 69:5 (Sal. 69:4 en la Biblia Cristiana): “Más que los cabellos de mi cabeza son los que me aborrecen sin causa”. Este es un Salmo de David, pero los lectores durante siglos han visto la descripción de los sufrimientos de David yendo más allá de su propia experiencia. Muchos comentaristas rabínicos leen todo el Salmo como una visión profética de los sufrimientos de Israel durante el exilio, y su eventual restauración: “Porque Elohim salvará a Sión, y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí y la poseerán. La descendencia de sus siervos la heredará, y los que aman su Nombre habitarán en ella.” (Sal. 69:36-37; 35-36 en las Biblias cristianas). Por lo tanto, en su comentario clásico, el rabino Samson Raphael Hirsch escribe: “David contempla al pueblo de Israel, generación tras generación, vagando a través de los siglos oscuros de exilio, y, en este salmo, pronuncia los pensamientos que se levantan en el alma de Israel como si marchara a través de la historia de las naciones. Nótese, sin embargo, que David describe los sufrimientos de Israel en primera persona, no “ellos los odian sin causa “, sino “ellos me odian sin causa.” Como rey de Israel, David anticipa y encarna la futura historia de su pueblo en su propia vida. Se identifica tan fuertemente con su pueblo que, sus sufrimientos son un signo profético de los sufrimientos por venir sobre todo Israel.

Si los sufrimientos de David presagian los sufrimientos de Israel, no obstante, aún más claramente apuntan a los sufrimientos de su descendiente, el Mesías. Al igual que David, el Mesías ben David tomará sobre sí el destino de todo Israel y lo representará. Por lo tanto, cuando Yeshúa echó a los cambistas de los patios del templo, “sus discípulos se acordaron de lo que está escrito [en el Salmo 69:10 (9)]: El celo por tu casa me consume” (Juan 2:17). Más tarde, cuando Yeshúa describió su rechazo por parte de las autoridades religiosas de su época, les dijo a sus discípulos que esto sucedió “para que la palabra se cumpliese sobre lo que está escrito en su ley: “Me odiaron sin causa” (Juan 15:25). Al igual que David en el Salmo 69:9 (8), Yeshúa puede decir: “Me he convertido en un extraño para mis hermanos, y extraño para los hijos de mi madre”.

Yeshúa, ya que encarna la historia del exilio y la redención final de Israel, experimenta el odio sin causa y es rechazado por los gobernantes de su propia generación. Este es el mismo odio sin fundamento que la literatura rabínica atribuye como la causa de la destrucción del templo, la cual sucedió tan sólo 40 años después de la crucifixión del Mesías Yeshúa. De hecho, un famoso pasaje en el Talmud registra advertencias de la destrucción a lo largo de todo este período:

“Nuestros Rabinos enseñaron: Durante los últimos cuarenta años antes de la destrucción del Templo, la Suerte [‘Por el Señor’] no vino [o salió más] en la mano derecha [del sumo sacerdote]; ni el hilo de color carmesí se convirtió en blanco [en Yom Kipur como una señal de perdón]; ni tampoco la luz occidental brilló más; y las puertas del templo (hejal) se abrían por sí mismas [como una señal de la vulnerabilidad del templo], hasta que el rabino Yojanán ben Zakai reprendió [las puertas], diciendo: templo, templo, ¿por qué nos has alarmado? Yo sé que tú has de ser destruido, porque Zacarías ben Idó ya ha profetizado lo concerniente a esto: ‘Abre tus puertas, oh Líbano, y que el fuego devore tus cedros'” (Yoma 39b).

Es simplista, por supuesto, decir que el templo fue destruido porque las autoridades religiosas rechazaron a Yeshúa, pero seguramente la explicación rabínica da en el blanco: “¿Por qué fue destruido? Porque había odio sin causa entre ellos”. Yeshúa se identifica tan profundamente con su pueblo Israel, que se convierte en el último receptor de odio sin causa… y dentro de una generación, el templo se hubo ido.

Paradójicamente, la comunidad judía mesiánica de hoy debe protegerse en contra de permitir el odio sin causa para dividirnos de la más amplia comunidad judía. Podríamos sentir que, como el propio Yeshúa, hemos estado en el extremo receptor de sinat jinam. Pero, si seguimos a Yeshúa, vamos a continuar por identificarnos con todo Israel y asumiendo la responsabilidad de cualquier división innecesaria que hayamos causado. Vamos a expresar nuestra solidaridad de manera tangible, y no permitiendo que nuestras legítimas diferencias con el resto de nuestro pueblo estén por sobre el Mesías para que nos alinee. Esta es una de las razones por la que es vital mantener nuestra relación con la vida judía y la tradición. A pesar de que es posible que sigamos siendo marginales debido a nuestra lealtad a Yeshúa, por nuestra parte debemos eliminar el sinat jinam y estar con nuestro pueblo, al igual que Yeshúa, que tomó sobre sí el sufrimiento y exilio de todo Israel. Cuando consideramos la agonía de la tierra y el pueblo de Israel hoy en día, y el recrudecimiento del antisemitismo en forma de anti-sionismo, una muestra de solidaridad viene a ser aún más convincente.

Tishá BeAv es el aniversario no sólo del comienzo del exilio, sino de muchos eventos trágicos durante el exilio, culminando con la expulsión de la alguna vez gloriosa comunidad judía de España en 1492. Paradójicamente, la convergencia de tantas tragedias similares en esta fecha ofrece una señal de esperanza, porque parece que hay un patrón divino detrás de todo. El exilio no es un giro sin sentido de la historia, sino que es parte del plan mucho más grande de redención. Por lo tanto, una tradición dice que el Mesías va a nacer en Tishá BeAv.

¿Cómo hemos de responder a esta esperanza? No pasivamente, sino con la oración de intercesión y la defensa de Israel y el pueblo judío. Al actuar en solidaridad con nuestro pueblo en este día, podemos orar por la victoria sobre nuestros pecados, el fin del exilio y la restauración de Jerusalén, que es la clave para la restauración de toda la tierra. La conclusión del libro de las Lamentaciones (Eijá) que leemos en voz alta en Tishá BeAv ofrece las palabras de esta oración: Hashivenu Adonai Eleja venashuvá. Jadesh yameinu kekédem. “¡Vuélvenos, oh Señor, a ti y volveremos; renueva nuestros días como en la antigüedad!”

Costumbres del ayuno y el día:

Según la tradición judía, las regulaciones para el ayuno de Tishá BeAv son similares a las de Yom Kipur, con la abstinencia de las mismos cinco actividades: 1) comer y beber; 2) lavarse el cuerpo de uno; 3) ungirse a uno mismo (lo que incluye perfumes, colonias, etc.); 4) usar zapatos de cuero; 5) tener relaciones maritales. En Érev Tishá BeAv (tarde incial) se acostumbra a leer el libro de Lamentaciones, a menudo sentado en el suelo o en banquillos bajos. Durante todo el día se prohíbe la alegría del estudio de las Escrituras, a excepción de Lamentaciones, Job y Jeremías, con excepción de los pasajes de consuelo y aliento. El trabajo es permitido en Tishá BeAv, especialmente a partir del mediodía, pero una atmósfera de duelo se mantendrá durante todo el día.

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