La Adoración No Es Solo Una Canción: Parte 1

Por Keren Silver, (8 de mayo, 2016)

“¡Venid, cantemos con gozo al Señor! ¡Aclamemos con júbilo a la Roca de nuestra salvación! Entremos en su presencia con acción de gracias, aclamémosle con salmos. Porque el Señor es Dios grande, gran Rey sobre todos los dioses. En su mano están las profundidades de la tierra, y suyas son las alturas de los montes. Suyo es el mar, pues Él lo hizo, y sus manos formaron la tierra firme. ¡Venid, inclinémonos y postrémonos, arrodillémonos ante la presencia del Señor, nuestro Hacedor! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros pueblo de su prado y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz: ¡Cantad al Señor un cántico nuevo! ¡Cantad al Señor toda la tierra! ¡Cantad al Señor, bendecid su Nombre! Proclamad de día en día las buenas nuevas de su salvación”. – Salmo 95:1-7, Salmo 96:1-2

adoraciónLa adoración es uno de los temas que no deja de aparecer a través de todas las Escrituras, de principio a fin. Tan solo los versos anteriores se utilizan ocho verbos diferentes para describir la adoración. Pero tomemos un minuto para enfocarnos en tres verbos que describen la adoración en las escrituras; el verbo H.L.L. [הלל] (“Halel” – alabar, dar gritos tanto de gozo y de terror) aparece por sí solo 165 veces en el Tanaj (Antiguo Testamento), estando la mayoría de apariciones en los Salmos. El segundo verbo es J.V.H [חוה] (“Hishtajavé” – inclinarse, adorar, declarar, dar a conocer) aparece 173 veces en el Tanaj, y el tercer verbo, SH.Y.R. [שיר] (“Shirá” – cantar), aparece 166 veces y se refiere a la letra y la melodía. Solo a partir de estos tres verbos contamos con más de 500 referencias que describen la adoración, y esto sin tener en cuenta otros verbos tales como “gritar”, “dar acción de gracias”, “arrodillarse”, “bendecir”, y más que impulsan las referencias totales sobre la adoración a más de un millar.

Entonces, ¿por qué quiero dar énfasis en este punto? Porque si este tema aparece tantas veces en la palabra de Dios y de diferentes maneras, luego ello indica la importancia de la adoración a Dios mismo. La adoración es una parte inseparable del carácter de Dios, a través de ella Él quiere que podamos escuchar el latido de su corazón y aprender de la centralidad y la importancia de la adoración en Sus ojos.

Muchas veces en nuestras congregaciones nos encontramos con el término “alabanza y adoración”, que generalmente puede describir la primera parte de nuestros servicios semanales en nuestras congregaciones o reuniones en casa; un tiempo de alabar, glorificar y dar gracias. Una hora de dar a Dios el honor, entregándonos a Él y adorándole – un signo de auto-cancelación; no somos nada y Él es nuestro todo en todo.

Es interesante notar el primer uso del verbo J.V.H. (adorar, inclinarse) en la Biblia – en el sacrificio de Isaac, donde el acto de adoración es la atadura de Isaac en sí. La adoración está inseparablemente conectada al sacrificio, siendo la raíz K.R.V. [קרב] de donde obtenemos un sinnúmero de palabras: En primer lugar, desde K.R.V. obtenemos la palabra “Krav”, que significa “batalla” o “guerra”, una situación en la que dos lados opuestos luchan unos contra otros con el objetivo de someter al otro con el fin de ganar algo. Cuando pensamos en grandes batallas, o sobre la guerra en general, en orden de que un lado prevalezca y que penetre en el territorio enemigo, tiene que entrar en contacto directo con el enemigo con el fin de conquistarlo.

En segundo lugar, K.R.V. significa “acercarse”, “aproximarse”, “estar cerca de algo”, y en tercer lugar K.R.V. también describe la parte más interna: el estómago, los órganos internos, el intestino.

Cuando observamos que un sacrificio constaba en el Tanaj, era por lo general sobre la quema de las partes internas del animal, y por medio de sacrificar estas partes la persona o las personas recibirían la reconciliación con Dios y encontrarían Su Espíritu como la nube que llenaría el tabernáculo y el Espíritu de Dios descendería y habitaría entre ellos.

En la comprensión del significado de estas palabras podemos captar un entendimiento más profundo de lo que tiene que ver con el sacrificio – se trata de renunciar a algo, entregando algo más con el fin de acercarse, en definitiva, acercándose más a Dios. La adoración es exactamente lo mismo, es dar algo a Dios con el fin de acercarse a él. Mientras que el Templo estaba todavía en pie, los animales para el sacrificio se supone que era animales perfectos sin mancha, que la persona sacrificaría con el fin de acercarse a Dios como un individuo y, en realidad, como el pueblo de Israel en su conjunto.

Hoy en día no hay Templo que pueda ser erguido por el hombre ya que somos la morada de Dios tal como está escrito en 1 Corintios 3:16, y no ofrecemos sacrificios como en el pasado, como se dice en Hebreos 13:15: Ofrezcamos siempre, por medio de Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. Es interesante notar que “fruto” en griego se refiere al fruto que fue recientemente selecto, que está maduro y listo para ser comido, un buen fruto fresco del árbol. De esto podemos entender que el fruto de nuestra adoración tiene que ser el mejor fruto que podemos dar.

En el libro de Levítico, vemos que el sacrificio era aceptado en los ojos de Dios sólo si era perfecto. Los hombres no podían traer un sacrificio que no querían o no necesitaban, él mandó a traer lo mejor que tenían, y traer el sacrificio con un corazón dispuesto y alegre. También hoy, como adoradores, nosotros debemos estar dando a Dios lo mejor, y con alegría. La adoración es la ofrenda que hay que dar a Dios como un sacrificio de nuestras partes internas, el lugar más íntimo y honesto dentro de nosotros, con el fin de acercarnos a él y entrar en el lugar más interno de Su presencia.

En resumen, podemos ver que el tema de la adoración es importante y central ante Dios y por ello aparece tantas veces y de muchas maneras en las Escrituras. Como vamos a tocar en la próxima entrega de este artículo, todo nuestro ser y en realidad toda la creación se enfoca en esta cuestión de la adoración, ya que somos una parte inseparable de la guerra en curso entre Dios y Satanás, entre la adoración y la sumisión al reino de la luz o al reino de las tinieblas. La adoración está conectada directamente al sacrificio, este es el sacrificio que podemos dar a Dios hoy en día con el fin de acercarnos a él, y debe venir de nuestra parte interna, más íntima con el fin de llevarnos a un encuentro íntimo con el Dios vivo.

Este artículo apareció originalmente en Out of Zion, 6 de mayo, 2016.

Fuente: Kehilanews.com

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