El trasfondo Judío del Padre Nuestro

padre nuestroEl principio del capítulo once de Lucas nos dice que la oración del Señor fue respuesta a una petición de los discípulos. Le dijeron a Yeshúa (Jesús): “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó también a sus discípulos”. Y así nació el “Pater noster” (“Padre nuestro”, “Avinu”, en heb.), una oración que se pudiera considerar el legado más precioso de Yeshúa a su rebaño. Hay que reconocer que la literatura de oración judía sí contiene desmembrados paralelos de esta oración, pero esta, no obstante, forma un todo que no tiene igual.

El anterior rabino en jefe de Estocolmo, Gottlieb Klein, escribió acerca del trasfondo judío de la oración en dos estudios diferentes. [1] En las palabras de Klein, “tiene un aura mesiánico… Todas las esperanzas y expectativas del ardiente corazón de Yeshúa se plasman en forma unificada y substancial en esta oración”. Satisface ciertos requisitos característicos del tiempo de Yeshúa para una oración. En ese tiempo, toda oración debía contener siete peticiones. Por otra parte, debía tener una estructura tripartita. La oración siempre empezaba con alabanza a Dios, la Shevaj. A esto se agregaban las peticiones propias del individuo, la tefilá, y la oración concluía con el ofrecimiento de gratitud, la hodayá. Klein analiza la oración como sigue:

Shevaj

  1. Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre
  2. Venga tu reino
  3. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo

Tefilá

  1. Danos hoy el pan nuestro de cada día
  2. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
  3. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Hodayá

  1. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén.

Klein señala que en los tiempos de Yeshúa, las oraciones siempre se tenían que ofrecer en el plural. Esto se aplicaba también al individuo cuando ora a solas, y supuestamente es la razón por la que Yeshúa nos enseñó a decir: “¡danos!” El que pide se identificaba con las necesidades de la congregación y de la nación. La oración no debía ser meramente un intérprete de uno mismo. ¡Y cuán importante es esto! La literatura rabínica distingue entre las frases “Padre nuestro” y “Padre mío”. Rabí Abayé, que vivió en el siglo IV, dice que el individuo siempre debe identificarse con la congregación y recitar, “Que sea tu voluntad, O Dios, nuestro Señor, que nos guíes a la paz…” RaSHI también insiste, todavía en la edad media, que se debe usar la forma plural, particularmente en las oraciones cortas. La fórmula: “Padre nuestro, que estás en el cielo…” aparece una vez en el Midrash [2] y también una vez la forma: “Tu Padre, que está en el cielo…” [3] El libro de oración Sidur usa la fórmula “Padre nuestro” o “Padre nuestro, Rey nuestro”. No obstante, la bendición de Dios siempre es personal. No es mera coincidencia que la bendición Aarónica fue dada a Israel en el singular: “El SEÑOR te bendiga y te guarde…” (Números 6:24-26).

Según la opinión de Klein la oración que enseñó Yeshúa hace una referencia velada a la creencia en la resurrección:

“Existe una antigua enseñanza que dice que: ‘El Santo, sea su nombre exaltado, permitirá que los muertos suban a este mundo, para que su grande nombre sea santificado. Por tanto todos deben orar: ‘Santificado sea tu nombre, venga tu reino’, porque la resurrección seguirá como cumplimiento de estas oraciones…” Aquí tenemos una oración mesiánica, que sólo Yeshúa en su tiempo podía haber hecho. Es lo más personal que tenemos de Yeshúa. Sus anhelos y aspiraciones son inmortalizados allí, y el espíritu que hará realidad esa oración ha realizado milagros en los corazones de los hombres”.

La secciones arameas qaddish del libro de oración Sidur, que aparecen en muchos puntos a lo largo del libro, se asemejan a la porción shevaj de la oración del Señor:

“Magnificado y santificado sea su grande nombre en el mundo que Él ha creado conforme a su voluntad. Que Él establezca su reino durante tu vida, y en tus días, y durante la vida de toda la casa de Israel, aprisa y en tiempo cercano; y decid vosotros, Amén”.

La congregación responde a la recitación del rabino con: “Sea bendito su grande nombre por siempre y siempre, amén”.

Mientras estamos comentando la referencia de Klein a la resurrección, conviene notar la interpretación del “Sello del Midrash”, Rabí Tanjumá, sobre Génesis 12:1: “Vete de tu tierra… Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra”:

“‘Y te bendeciré’ significa que ‘Yo te bendeciré en mi gloria y haré grande tu nombre, para que tu nombre sea grande y bendecido en la tierra’. ¿Qué significa esto? Significa que primero será la bendición que recibes tú, luego la mía: primeramente pronunciamos ‘el escudo de Abraham’ y luego ‘la resurrección de los muertos’.” [4]

Esto se refiere al principio exegético rabínico de que uno siempre debe comenzar con la promesa de Dios a Abraham y concluir con la resurrección. La frase tiene un punto intermedio de contacto con la oración shajarit de entre semana, en la que se dice:

“Bendito eres tú, Oh Dios, el escudo de Abraham: Tú, Oh SEÑOR, eres eternamente fuerte, tú levantas a los muertos y eres fuerte para salvar. Tú sacudes a los vivos con tu gracia, levantas a los muertos en tu grande misericordia, fortaleces al que tropieza, sanas al enfermo, liberas al preso y perfeccionas la confianza de los que yacen en la tierra… tú eres el rey que haces descender a la tumba, vivificas y haces florecer tu salvación”.

Pudiera mencionar además, que el Yalqut Shimoni dice respecto a la bendición de Abraham, que es el “lenguaje de la redención” e implica la redención futura de Israel. [5] No es de extrañar que el Profesor Klein haya visto en la oración del Señor el tema mesiánico y ciertos énfasis relacionados con la creencia en la resurrección.

La oración del Señor contiene un detalle de cuyo significado y origen se ha dudado. Pedimos que Dios no “nos meta en tentación”, sino que nos “libre del mal”. Estas palabras son de una antigua fórmula de oración que aún se usa en el libro de oración Sidur. De madrugada, el judío ortodoxo ora:

“No nos metas en pecado, ni en transgresión ni mal; no nos metas en tentación ni en vergüenza. Que ninguna inclinación al mal tenga dominio sobre nosotros… más únenos a las buenas inclinaciones”.

En la oración del Señor, la preocupación de Yeshúa era que los discípulos hicieran del perdón su porción diaria, y que estuvieran escudados contra el mal. Esto también se deja ver en su oración de sumo sacerdote en Juan 17: “Mi oración no es que los saques del mundo, sino que los protejas del maligno”.

La oración del Señor refleja la misma calidad despreocupada de niño que Yeshúa predicó en el Sermón del Monte. Él fue el que dijo: “No os preocupéis por el mañana”… “No os preocupéis por vuestra vida”… “Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis?” (Mateo 6:25, 28, 34). Ahora sus discípulos estaban aprendiendo a pedir, “Danos hoy el pan nuestro de cada día”. Las culpas de ayer y los cuidados de mañana se pueden hacer a un lado, porque el que es de Dios vive en la realidad de este día. Quizá haya sido ese “evangelio de un día” el que se hizo claro para cierto comerciante, haciendo que colocara en la pared de su oficina las palabras del Salmo 118:24: “Este es el día que el SEÑOR ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él”.

Citas:

[1] Gottlieb Klein, Är Jesus en historisk personlighet, págs. 38-39, y Fader vår, ett bidrag till kännedom om urkristendomen.
[2] Yoma 8:9.
[3] Sota 9:15.
[4] Tanjuma, pár., “lej leja” 4.
[5] Yalqut Shimoni, “lej leja” 64.

Fuente: Santala R. (1994). El Mesías en el Nuevo Testamento a la luz de los escritos rabínicos. Traducido del inglés por Darrell Clingan. Editorial: Bible and Gospel Service, Finland (1992). Adaptado por la CMCH

Vea también

adoración

La Adoración No Es Solo Una Canción: Parte 1

Por Keren Silver, (8 de mayo, 2016) “¡Venid, cantemos con gozo al Señor! ¡Aclamemos con ...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *