Parashat Ha’azinu / האזינו / Escuchad: “Cielos y Tierra; Lluvia y Rocío”

  • Torá / Instrucción: Deuteronomio 32:1-32:52
  • Haftará / Profetas: 2 Samuel 22:1-51
  • Besorá Tová / Evangelio: Juan 20:26-21:25

ha'azinuResumen de la Porción

La palabra Ha’azinu (האזינו) literalmente significa “Presten oído,” una expresión que significa “Escuchen.” Es también el nombre de la quincuagésima tercera y penúltima lectura de la Torá. Es la primera palabra del cántico de Moisés, que comienza con las palabras “presten oído (Ha’azinu), oh cielos, y hablaré” (Deuteronomio 32:1). Esta porción de la Torá consiste solo de un capítulo largo, y la mayoría forma parte del cántico de Moisés. El cántico de Moisés es un oráculo profético advirtiendo a Israel sobre la apostasía por venir trayendo como resultado la ira que de Dios. El cántico se proyecta muy lejano en el futuro, incluso previendo la llegada mesiánica en medio de un rico y aterrador dibujo apocalíptico. Después de la conclusión del cántico, a Moisés le es dicho que ascienda al Monte Nebo y mire sobre la tierra prometida antes de morir.

Perla de la Porción:

Rabi Yehudá dijo, “El día en que cae lluvia es tan grande como el día en que se le entregó la Torá, como está dicho [en Deuteronomio 32:2], “Caiga como la lluvia mi enseñanza.’ [Cuando Moisés dijo] “enseñanza”, él se refería a la Torá, como se dice de la Torá [en Proverbios 4:2] “Porque les doy buena enseñanza; no abandonen mi Torá”. (b. Ta’anit 7a)


Comentario:

Moisés comienza su canción poniendo a los cielos y a la tierra como testigos de su enseñanza. Él dice: “Escuchen, oh cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca”. (Deuteronomio 32:1) Él continúa esta progresión, del cielo a la tierra, cuando dice: “Caiga como la lluvia mi enseñanza”. (Deuteronomio 32:2) La lluvia es lo que cae del cielo a la tierra, en un sentido, conectando el cielo con la tierra. En la literatura rabínica, la Torá es a menudo comparada a la lluvia cayendo del cielo a la tierra.

Los sabios compararon la Torá con el agua, porque así como el agua desciende de un nivel mayor a uno inferior, así también la Torá desciende de su lugar de gloria al reino de los hombres:

Rabi Janina ben Ida, dijo, “¿Por qué las palabras de la Torá son semejantes al agua [en Isaías 55:1], “Todos los sedientos, vengan a las aguas’? Esto es para enseñarte que al igual que el agua fluye desde un lugar más alto a un lugar bajo, así también sucede con las palabras de la Torá…” (b. Ta’anit 7a)

Cuando el agua está en los cielos, a pesar de que es vapor en forma de nubes, todavía es, en su esencia básica, agua. A medida que desciende en forma de lluvia, sigue siendo agua. Cuando llega a la tierra como lluvia descendiendo, sigue siendo agua. Es la misma en el cielo y en la tierra, aunque su forma pueda ser diferente. Ya sea en forma de nubes en el cielo o agrupada en arroyos y ríos en la tierra, en cada ciclo del agua es agua. Lo mismo pasa con la Torá en su descenso desde los cielos. En los cielos es Torá, y aquí en la tierra es Torá. Su esencia sigue siendo Torá.

La Torá de Moisés ha descendido a nosotros en una forma que podemos entender y comprender. La inefable palabra de Dios se ha vestido en las ropas del lenguaje humano para que podamos escuchar y entender. Ha llegado en forma de leyes y mandamientos para que podamos hablarlas y hacer la Palabra de Dios. Cuando los hacemos, estamos permitiendo que la Palabra de Dios se vista con la ropa de nuestra carne humana. En verdad estamos encarnando la Palabra de Dios en la tierra.

Lo que comenzó en el cielo como la palabra inescrutable e insondable de Dios ha descendido como lluvia, como agua, al nivel de la tierra donde riega el césped y las plantas se empapan con ella y la incorporan en su ser. A través de esta conexión, los cielos y la tierra están unidos.

Leemos en el Evangelio de Juan que la palabra (logos) es Dios. Este no es otro Dios o algo diferente a él, sino que es él. Y, sin embargo, a través de algún milagro inexplicable, la Palabra desciende a la tierra y se viste con ropas de carne –en un verdadero ser humano- Yeshúa de Nazaret, formando una conexión entre el cielo y la tierra. Yeshúa habló las palabras de Su Padre y guardó Sus mandamientos. Él las vistió en las ropas de su cuerpo. Él es la Palabra hecha carne, la Torá viviente. Él es la Palabra viva de Dios unida a la sustancia de la tierra, pero Su esencia sigue siendo la misma en la tierra a como era en el cielo.

Fuente: ToraClub

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Un comentario

  1. Luis Manuel Rodriguez Tupper

    Deseo rwcibir regularmente estos comentarios
    ¡Gracias!

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