Rashí, Rabi Shlomo ben Yitzjak

“Palabra por palabra, frase por frase, recorrió el texto completo, explicando simplemente, dilucidando en profundidad”. “Sin él, el Talmud babilónico se hubiera olvidado”.

En Francia aparecería un hombre llamado a encontrar una rutarashi en el inmenso mar del Talmud, a abrir sus tesoros con una llave que no se llegó a tener en Babilonia. Nos referimos a Rabi Shlomó (Salomón) ben Itzjak, quien es más conocido por sus iniciales RASHI.

Rashi nació en 1040, en la ciudad de Troyes en la provincia francesa septentrional de Champaña. No son muchas las noticias existentes sobre los orígenes de la familia de Rashi; pero se conoce que fue una familia de sabios. El padre, Rabí Isaac, era un erudito; la madre era hermana de Rabí Simón el Anciano; el abuelo de Rashi fue una eminencia por su sabiduría y sus virtudes, su nombre era Rabí Benjamín bar Samuel de Costani.

Nacido en una familia de tal jerarquía espiritual, el joven Shlomó se impregnó desde su más tierna edad, en el seno del hogar, del conocimiento de la Torá, de la Mishná y de la Halajá, creciendo en una atmósfera de estudio, virtud y devoción.

Tal vez para cumplir el precepto talmúdico de “casarse a los dieciocho”, contrajo nupcias siendo muy joven; lo cual no fue un impedimento para ausentarse del hogar a fin de seguir estudios superiores en las academias talmúdicas (Ieshivot) de Germania pues Troyes era un centro mercantil, pero la comunidad judía de allí no era suficientemente grande como para sostener una academia de estudios. Para profundizar sus conocimientos en el Talmud, Rashi debió dirigirse a Worms y a Maguncia, donde había academias sobresalientes. Sus maestros fueron Yacob ben Ikar e Itzjak Halevi en Worms, e Itzjak ben Yehuda en Maguncia. Pasó varios años estudiando en dichas academias, donde buscó y encontró no sólo sabiduría sino también ambiente piadoso, calma espiritual, humanidad e inmenso amor a la Torá como finalidad suprema en la vida.

Con 25 años de edad retornó Rashi a su ciudad natal, gran erudito ya. Fue elegido Rabino y jefe del Bet Din (tribunal judío). Con su influencia comienza a tomar el Rabinato el sentido de función social honorífica que la comunidad confiaba a una autoridad intelectual como jefe de la misma en cuestiones religiosas y en la instrucción del judaísmo; en una palabra, un Rabino tal cual lo entendemos hoy. Rashi no recibió paga alguna ni por el Rabinato, ni por su intensa labor de instructor de la ley, de divulgador durante décadas del saber judío. Probablemente no llevó una vida de holgura, y mucho menos de riqueza y de placeres. Se ganaba el sustento con el trabajo en la viña, en el que colaboraba toda la familia, elaborando vinos.

Fundó una Academia propia, la primera en la provincia de Champaña. En Troyes transplantó a su propia casa y a su academia la atmósfera que había respirado en Germania, dedicándose a la noble tarea de difundir la sabiduría entre los judíos e ilustrarlos con el ejemplo de su propia vida y con sus comentarios. Se quedó allí hasta el final de sus días, un lapso de 40 años. En las distintas academias donde fue alumno conoció los diversos métodos de estudio del Talmud de sus maestros y de los grandes eruditos, absorbiendo el saber que habría de re-elaborar con el andar del tiempo, llegando a crear un método de estudio propio, que pronto adquirió fama en toda Francia y Alemania. Muchos discípulos de las academias de los sabios de Lorena comenzaron a dirigirse a la academia de Rashi en Troyes. El nombre de Rashi se propagó rápidamente por todo el mundo judío de entonces, no sólo por la proyección de su sabiduría sino también por la ejemplaridad de su modestia y de su sencillez.

El rasgo fundamental del método científico de Rashi consistía en la aclaración de la complicada casuística del Talmud.

La aspiración a la precisión y a la sencillez hizo de Rashi el mayor divulgador de la ciencia del Talmud, inaccesible al hombre no especialmente preparado debido a la descomunal complejidad de su contenido y a la dureza de su forma.

Además la exposición misma del texto es pesada, no hay signos de puntuación, no se ve donde una frase termina y comienza otra. Así, todo debía ser aclarado e interpretado, y el estudio del Talmud resultaba impracticable sin ayuda de maestros, para llegar a conocerlo se debía “errar un tiempo por las academias”.

Rashi se propuso aliviar el estudio del Talmud y para eso escribió su comentario. En él ofrece una breve interpretación de los vocablos y aclara todo el contenido del asunto con los argumentos de los Tanaim y Amoraim. El comentario esta escrito en un hebreo sencillo y claro. A veces resuelve las cuestiones más difíciles con una rápida observación. Tenía el secreto de hacer sencillo lo enredado, de iluminar lo oscuro, de introducir en todas partes el orden y la claridad. Prosiguiendo la obra de Guershom, Rashi se preocupó por determinar la versión correcta del texto y por eliminar los errores de los copistas en los diferentes manuscritos.

Aprovechó los comentarios escritos por Gaones a algunas partes del Talmud y también los comentarios orales que había recibido de sus maestros, discípulos a su vez de Guershom. Pero tanto por su magnitud como por sus cualidades, el comentario de Rashi superó a todos los anteriores. Sólo gracias a ese comentario fácilmente inteligible, se hizo posible el estudio del Talmud casi sin maestros; y se introdujo la enseñanza del Talmud para niños pequeños.

Rashi también hizo un comentario a la Biblia, amplio para la Torá y más breve para la mayor parte de Neviim (Profetas) y Ketuvim (Escritos). También aquí ofrece una irashi03nterpretación comprensible y sencilla del sentido del versículo, dando muchas veces una interpretación ligada a la legislación talmúdica o incluyendo máximas y leyendas tomadas de la Hagadá y del Midrash. Algunas veces trae aclaraciones gramaticales y traduce muchas palabras al francés escrito en caracteres hebreos, en su glosa hay más de 2000 nombres de útiles, herramientas y vegetales en el francés de su época. Estas palabras sirvieron de fuente importante para el estudio de la evolución del francés antiguo. Su exégesis de la Torá fue el primer libro hebreo que se imprimió (1475), las letras con que se le hizo se diseñaron de acuerdo a la escritura española medieval en uso en el siglo XV.

Rashi era un erudito, pero su talento mayor era la capacidad docente en la transmisión del mensaje. No arrojaba la sabiduría sobre sus discípulos; razonaba y los hacia razonar.

No tuvo hijos varones, y aún no ha podido establecerse si fueron 2 o 3 las hijas que alegraron su hogar, pero los yernos y los nietos de Rashi fueron sabios ilustrísimos y fundaron lo que ha dado en llamarse la Escuela de los Tosafistas. Ésta prosiguió por espacio de generaciones la enseñanza que había implantado Rashi en Francia y elevó las investigaciones, mereciendo que sus comentarios llamados Tosefot, acompañaran, como los de Rashi casi todas las ediciones del Talmud, en la margen izquierda de la página, quedando reservada la derecha para el Perush de Rashi.

Conocía profundamente la medicina de su tiempo, la anatomía y hasta la cirugía. El saber de Rashi fue realmente enciclopédico, era un profundo conocedor de las artes y de las ciencias, y debe reconocérsele el gran mérito de haber puesto todo su saber al servicio de la ciencia judía. En su labor de hermenéutica abundan las descripciones minuciosas sobre las ocupaciones e industrias más diversas, como: agricultura, vinicultura, fabricación de sellos, monedas, elaboración del vidrio, apicultura, fabricación de agujas, joyería y sastrería.

Desgraciadamente, la vida pacífica y humilde de Rashi fue interrumpida en su vejez por una desventura brusca que azotó a todo el pueblo judío. Rashi fue testigo personal de la primera Cruzada que tuvo lugar a orillas del Rhin, en 1096; las masacres, las persecuciones, las conversiones forzosas y los saqueos de decenas de comunidades judías lo llenaron de amargura y trastornaron los últimos años de su vida; se preocupó por las mujeres que sobrevivieron a sus maridos y ordenó ser tolerantes respecto de los judíos que se convirtieron forzosamente al cristianismo y que retornaron luego al judaísmo. Las fuerzas físicas fueron abandonándolo lentamente, pero en su lecho de enfermo siguió luchando contra la adversidad y el mismo día de su muerte dictó su comentario al tratado talmúdico Macot.

La trascendencia histórica de la obra de Rashi está dada por sus Comentarios del Talmud pero no es menos importante su Glosa de La Biblia. Cabe añadir los dictámenes rabínicos en sus obras HaPardés (El Paraíso) y HaOr (La Luz), que contribuyeron eficientemente a la modelación del sistema de vida judío. Si bien no fue un poeta religioso, compuso bellos poemas litúrgicos, escritos en versos libres aunque rimados, la mayoría de ellos en forma de oraciones para los días de ayuno (Selijot).

Rashi contribuyó mediante sus comentarios, a la simultánea difusión entre la masa judía del conocimiento de las fuentes del judaísmo. Junto con la Biblia, el Talmud se convirtió para los judíos en los siglos siguientes en fundamento principal de la instrucción en el hogar y en la escuela.

Las glosas de Rashi se designan por lo general con el nombre de Perush Hacuntres, Comentario del Cuaderno. La denominación de Cuntres (cuaderno, folio) se aplicaba a los apuntes que hacían los estudiantes de las academias talmúdicas, mientras escuchaban las explicaciones o comentarios de sus profesores. Estos comentarios se copiaban en cuadernos especiales y las copias se distribuían por toda Europa. En casi todas las ediciones del Talmud babilónico que aparecieron desde la invención de la imprenta, acompaña al texto de los sabios, el comentario de Rashi, que se imprime en una variante especial de los caracteres hebreos, la llamada “escritura de Rashi”.

La primera edición impresa del Talmud fue hecha por Daniel Bomberg, en Venecia (1520-1523). Esta edición determinó la forma externa del Talmud, incluída la paginación, con la Mishná arriba al centro seguida de la Guemará; a un costado (en el margen interno) los comentarios de Rashi, y en la parte externa de cada página, las TOSAFOT (adiciones), hechas por los discípulos de Rashi que vivieron en Francia, Inglaterra y Alemania.

La edición considerada como la mejor y la que tiene mayor difusión en la actualidad, es la de Romm (Vilna, 1886), provista de notas, comentarios y referencias varias.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *