Eliézer Ben Yehuda y el renacimiento del hebreo

Antes de él los judíos podían hablar hebreo; después de él, lo hicieron.

No cabe decir, como a menudo se hizo, que antes de Ben Yehuda el hebreo era una lengua muerta, que él revivió sin ayuda y milagrosamente.

No sería exagerado afirmar que en el tiempo del primer mifgash3artículo de Ben Yehuda en 1879, más del 50% de los hombres judíos eran capaces de comprender el Pentateuco, las plegarias cotidianas, etc., y que un 20% podía leer un libro hebreo en cierta medida difícil, hecho que era cierto para una proporción mucho más alta en Europa Oriental, África del Norte y Yemén, y para un porcentaje mucho menor en los países de Occidente.

En 1881, Ben Yehuda arribó a Eretz Israel con sus planes intactos referentes al renacimiento de la lengua hebrea. Se asentó en Jerusalén y adoptó varios planes de acción que pueden ser resumidos en: “Hebreo en el hogar”, “Hebreo en la escuela” y “Palabras, palabras, palabras”. En lo que concierne al “Hebreo en el hogar”, en 1882, cuando nació su primer hijo Ben Sión Ben Yehuda (o Itamar Ben Aví, como se lo conocía generalmente), su esposa Débora tuvo que prometerle que el recién nacido sería el primer niño de habla exclusivamente hebrea en la historia moderna. Itamar Ben Aví describe en su autobiografía, aunque lo hace de un modo más bien romántico, algunas de las drásticas precauciones adoptadas por su padre para asegurar que su hijo escuchara y luego hablara sólo hebreo. Cuando a la casa, por ejemplo, llegaban visitantes que no sabían hebreo, Ben Yehuda lo enviaba a la cama para que no oyera las lenguas extranjeras. Similarmente no permitía que el hijo escuchara “los píos de pájaros, ni los relinchos de caballos, ni los rebuznos de asnos, ni el revoloteo de mariposas, porque hasta todas esas voces eran foráneas, de ninguna manera hebreas”. El niño comenzó a hablar a la relativamente tardía edad de cuatro años. Su madre no podía ajustarse a la exigencia de hablarle sólo en hebreo. Cierto día, cuando el esposo se hallaba fuera de la casa, la madre comenzó a entonar inadvertidamente canciones de cuna en ruso. Ben Yehuda había regresado temprano y cuando oyó que se cantaba ruso en su casa, se enfureció y empezó a gritar. Itamar escribió sobre la amarga escena que siguió: “Me sacudió sobremanera ver a mi padre iracundo y a mi madre apenada y en lágrimas; la mudez se apartó de mis labios y el habla llegó a mi boca”.

A medida que el niño crecía, crecía el hebreo, tanto en léxico como en naturalidad. Ben Yehuda y su familia de habla hebrea se transformaron en una leyenda viva. De todos los pasos dados por Ben Yehuda para revivir el hebreo, la utilización del “Hebreo en las escuelas” fue a todas luces el más importante. Preconizó que los rabinos y los maestros utilizaran el hebreo como lengua de instrucción en las escuelas judías de Eretz Israel para todas las asignaturas, tanto las religiosas como las seculares.

Conforme a sus palabras,

“la lengua hebrea pasaría de la sinagoga a la casa de estudios, de la casa de estudios a la escuela, de la escuela al hogar y finalmente se transformaría en una lengua viva” (Hatzví, 1886).

El ejemplo personal de Ben Yehuda y su éxito en la docencia impresionaron sobremanera a otros maestros. Emergió una joven generación de habla hebrea, asegurando más allá de cualquier duda que el renacimiento sería un éxito.

Ben Yehuda quería atraer también adultos a sus ideas. Después de escribir durante varios años en el periódico local Hajavatzélet, comenzó a publicar en 1884 su propio periódico Hatzví, como instrumento para la enseñanza de adultos. Recurría también a su diario para introducir nuevas palabras que de otra manera se perderían, tales como itón (periódico), orej (redactor), mivrak (telegrama), jaial (soldado), manúi (suscriptor), ofná (moda), etc. Los judíos eran ávidos lectores y el diario de Ben Yehuda hizo mucho por expandir sus ideas y neologismos tanto en la Tierra de Israel como en la diáspora.

Además, para ayudar a los que serían hablantes y lectores en hebreo, comenzó a compilar un diccionario. Si quería que toda la sociedad utilizara el hebreo, las palabras tenían que ser precisas y exactas, de acuerdo con reglas filológicas estrictas. Por lo tanto, se convirtió en un lexicógrafo científico. Los resultados de sus arduos esfuerzos, trabajando a veces 18 horas por día, eran asombrosos y culminaron con su “Diccionario Completo de Hebreo Antiguo y Moderno”, monumental obra en 17 volúmenes. Fue completado después de su muerte por su segunda esposa, Jemda, y por su hijo, y todavía hoy es singular en los anales de la lexicografía hebrea.

Para ayudarle en su diccionario Ben Yehuda fundó en 1890 el Consejo de la Lengua Hebrea, precursor de la Academia de la Lengua, supremo árbitro y autoridad en todas las materias pertinentes al hebreo.

Lo que más auxilió a Ben Yehuda en su cruzada lingüística fue que el año 1881, el mismo año en que llegó a la entonces Palestina, señaló el comienzo de las primeras olas inmigratorias de colonos judíos al país. En una generación bíblica, en los 40 años entre 1881 y 1921, se formó un núcleo de jóvenes y fervientes hebreo-parlantes, con el hebreo como único símbolo de su nacionalismo lingüístico. Las autoridades del Mandato Británico reconocieron al hebreo como la lengua oficial de los judíos en Palestina el 29 de noviembre de 1922. El renacimiento hebreo era ahora un hecho y el sueño de Ben Yehuda a lo largo de toda su vida se vio materializado. Lamentablemente, apenas un mes después sucumbió como consecuencia de la tuberculosis que lo acechaba desde los días de su estadía en París.

Actualmente Eliézer Ben Yehuda es considerado padre del hebreo moderno.

Si deseas conocer un poco más sobre la vida de Ben Yehuda, puedes consultar el libro “El Rebelde de Jerusalén” de Rober St John.

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